| CULTURAL – EXPRESO Pedro Peschiera está en Lima. Es un pintor que empezó a trabajar muy temprano y por meditada decisión a exhibir tarde. Vale decir, un artista que no busca « posesionarse » en el mercado, ni le atrae la fama de los 15 minutos. Su camino tiene dos grandes señales : rigor y seriedad. Nunca quise exponer antes – dice – porque me parecía que no había llegado a una madurez, a algo decantado, para poder asumirlo como algo mío. Me decía que todavía me estaba buscando. No es que ahora no me esté buscando, hoy creo que mi obra es presentable, antes no. Trabajo bastante , pero produzco poco. No me alcanzan los cuadros, empecé a exponer muy tarde, en el 92. UNA LARGA PREPARACION Peschiera, de Artes Plásticas de la PUCP,
se marchó a París. Allí – recuerda –
empecé a estudiar en la Escuela de Bellas Artes, era una época
caótica ; me fui con el dolor de mi corazón, yo quería
una formación más sólida. En Suiza, si bien era
liberal, era moderna y sólida. Resido en Ginebra, donde hice
cinco años de bellas artes y siete de universidad, y pintaba
al mismo tiempo. En la universidad estudié historia del arte.
Decidí quedarme en Ginebra porque era muy fácil irme en
muy poco tiempo a París, a Italia. ARTES PLASTICAS Guardo muy buenos recuerdos de Artes Plàsticas. Fui alumno de Winternitz : era el « profe », de Ana Maccagno, Szyszlo, de Julia Navarrete. Julia es ejemplar, fue mi profesora, soy su discípulo como de « el profe ». Ella me enseñó : la seriedad, la disciplina, la exigencia. Szyszlo enseñaba a partir del quinto año y formaba parte de los jurados. Me ayudó mucho cuando pasé el último jurado, antes de irme a Europa me dijo – por la pintura que yo hacía en esa época, que era laqueada, muy brillante, con veladura - : mira tal y tal pintor flamenco ; en mi largo peregrinar por los museos europeos seguí al pié de la letra su consejo, tenía razón. LOS AMIGOS DE TILSA Quien complementó mi formación fue
Tilsa. Con Bruno Zeppilli le teníamos reverencia, como a un profeta.
Una fascinación absoluta por su pintura como nunca la tuve por
la pintura de nadie, aquí en el Perú, en esa época.
Sus grandes amores por la pintura me los pasó y me enseñó
a ver las pieles en la pintura. Que habían como velos, y que
la pintura podía venir de bien atrás y que no era solamente
una superficie simple. Además, siempre me decía : pinta
de un color intenso y después vas quitándole poquito a
poco… me decía : píntalo de un rojo violento para
que después todo lo que le pongas encima refleje esa especie
de sangre que hay al fondo de la pintura. MELVILLE Y EL 2004 Peschiera es un artista que ha hecho toda su carrera
en el extrangero. Sus tres primeras individuales las realizó
en Suiza. Su primera peruana fue en el 1998, en Lima. La segunda –
pinturas y grabados - , en le galería de Lucía de la Puente,
el 2000. Exhibiré – nos dice – el 2004, creo que
en noviembre ; quisiera que sea el 2005. Es un espacio maravilloso el
que tiene Lucía, pero me da miedo porque nunca he visto mis cuadros
en un espacio tan grande. Me gustaría trabajar un cuadro enorme,
pero si es el 2004, no lo voy a poder hacer. Tengo el projecto en la
cabeza ; para realizarlo vendría a vivir un año acá
y pintarlo durante ese tiempo : mediría un metro cuarenta de
largo por tres de largo. Sueño con ese cuadro. Sé sus
coloresy hasta lo visualizoen la galería : en la pared del fondo
y si uno lo ve de entrada puede dar un gran impacto ; no creo que me
alcance el tiempo. Tengo programadas cosas que hacer, y no las puedo
dejar de lado. ENTRE TANATOS Y EROS Mi obra se da en familias, como familias poéticas
que se complementan ; Mantos (alguien los ve como paredes que impiden
el paso,también como espacios protectores, misteriosos que impiden
ver al otro lado ; ahora carecen de ladrillos, son simples rayas), Pozos,
Conchas (Botticelli?sí, pero también son trozos de hombre,
de mujer, ensayos de la naturaleza), Mesas, Hoyos. Sí, los pozos
participan de eros y tánatos : de muerte y vida. Del pozo viene
el agua, fuente de vida. Me fascina ese doble misterio ; el principio
y el fin. El pozo también como la última morada : el hueco.
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