Pedro Peschiera
En medio de la cantidad de exposiciones internacionales,
en nuestro medio destaca nítidamente la muestra del peruano Pedro
Peschiera. Residente en Suiza durante largos años, Peschiera
hace su primera individual en el Perú y su muestra no debe pasar
desapercibida por aquellos que aman la buena pintura.
En momentos en que el gusto oscila entre la exacerbación expresionista
y las pinceladas de Cezanne, Peschiera vuelve – como tres décadas
atrás Tilsa lo hiciera – a recordarnos que existe la posibilidad
de un arte erudito en el cual se unía la pasión y la reflexión,
la formidable factura y la ebullición.
Para su imaginería Peschiera se remonta a la edad media y toma
la arquitectura como fachadas y pozos para hacer referencia a la religión
y al vacío. Y la primera impresión que se tiene ante esta
obra es la de una geometría sensibilizada por el color y, paulatinamante
vemos como toda la superficie que nos va seduciendo, invitándonos
a la meditación en torno a los puntos de color, a las pequeñas
pinceladas que los cubren, en suma a esa fina piel, producto de la témpera
al huevo.
Al final, el espectador podrá deducir que pocas veces un artista
a podido decir tanto sobre el arte, con tanta economía de los
elementos.
Ocurre que el arte de Peschiera es un arte de contradicciones. En su
obra la sensualidad pictórica es puesta a disposición
de una iconografía de extrema austeridad en la cual nada, absolutamente
nada, aparenta estar en exceso.
Porque ante Peschiera nos encontramos ante un pintor sin concesiones
cuyo mayor placer radica en el acto mismo de pintar.
Los grabados bien pudieran considerarse la versión gráfica
de su labor pictórica. De nuevo se repiten los pozos, pero esta
vez son las tramas de letras de distinto espesor las que configuran
las formas sobre las cuales el artista va aplicando color, para permitir
de este modo ese sutil enriquecimiento de la superficie. Los pequeños
formatos no coloreados, en cambio, son casi un tallado sobre el papel,
una suerte de relieve donde el racionalismo de Peschiera luce extremo
por la severidad de su planteamiento.
La muestra de Peschiera es un encuentro auspicioso porque él
nos ha hecho comprender que siempre será posible una renovación
para la pintura. Por eso, la mayor lección que obtenemos de su
extraordinaria exposición es que muchos, como nosotros, que creíamos
que poco queda para aportar en la pintura, todavía somos capaces
de emocionarnos ante una obra como ésta.
Luis Lama
Revista Caretas
Octubre 1998