La Sagrada Familia
Silencio, estatismo y monumentalidad en la segunda
individual de Pedro Peschiera, quien suma a la de los « Mantos,
Arcas y Conchas », dos nuevas familias de cuadros : « las
Barcas y las Campanas », en la galería Lucía de
la Puente.
Los cuadros salen como de un sombrero de copa :
un autorretrato de Rubens con medias naranja sobre un abrigo rojo violeta,
la barca de Dante y Virgilio o la de los locos, el enorme campanario
sobre la plaza, una monumental Virgen de Piero della Francesca y las
conchas de las fuentes del Bernini. Vale todo. Basta con sacar los conejos,
recuperar para sí mismo, un color, una forma, un pliegue del
mundo o de las imágenes del mundo, todo es susceptible de ser
encapsulado en ese extraño recipiente llamado cuadro, mediante
un procedimiento mezcla de azar y truco. Al menos así ocurre
para éel. Pero, qué encapsula Pedro Peschiera ?
Líneas de parentesco
Tal vez lo suyo es enmarcar la precisión
aparente, la forma impecable, la estructura geométrica y el perspectivismo
exacerbado. También la verdadera irregularidad de las líneas,
la textura y la vitalidad del color. Y finalmente el silencio de las
formas quietas, sin fenómenos naturales, sin narrativa posible,
sin acción, una única figura suspendida en el tiempo,
y por ello trascendente.
Pedro Peschiera vive hace 26 años en Suiza pintando lienzos y
trazando carboncillos con la devoción y paciencia de un relojero.
Está en Lima después de dos años, con una gabardina
negra bajo el sol, rodeado de su parentela : sus mantos. pozos, hoyos,
conchas y mesas, familias de pinturas, objetos constantes y atemporales,
similares pero nunca idénticos – reiteración, más
no repetición, aclara – y latentes a lo largo de toda su
producción, pese a los cambios de registro. « Cuando hice
las conchas la gente pensó que los mantos y los pozos ya no iban
más, que me orientaba a formas más orgánicas pero
no, sólo introducía otra familia. Yo no quiero una búsqueda
lineal, progresiva, única, quiero ir con todas las posibilidades
abiertas hasta que poco a poco vayan cayendo como hojas secas. »
Según él, las barcas no tienen nada que ver con las campanas
o los pozos, pero juntos, « habrá una manera en que las
cosas se respondan. A mí me interesa que unas obras sean espejos
de otras. Concibo mi trabajo como un tren, cada vagón le da un
eco a otro vagón. » Así el diálogo de formas
ocurre casi silenciosamente, en la imaginación del espectador.
Los ‘Mantos’ y ‘Arcas’,inspirados en la iconografía
renacentista y en el concepto de la arquitectura románica-medieval,
ya presentes en su individual de la galería Luis Miró
Quesada Garland (1998), se mantienen en esta muestra. Son estructuras
arquetípicas que remiten directamente a los templos sagrados,
dibujadas con carboncillo sobre un fondo de papel acuarelado.
A éstos se agregan dos nuevas estirpes, las « Barcas »
y « Campanas », escenificadas un sin número de veces
por la tradición del arte occidental pero retomadas por Peschiera
en una clave distinta. Estas han sido pintadas con témpera al
huevo sobre tela, que les otorga esa condición satinada, arenosa
y seca.
El color de la línea emotiva
Para el pintor no es válida la descripción del objeto
sin la apuesta artesanal, matérica y pictórica. «
hay una lectura del color, que es lo que me interesa, no es sólo
el mensaje conceptual sino también la percepción sensorial
lo que intento. »
A decir de Peschiera, el color tiene una función anímica.
« No puedo decir que el rojo es pasión o el verde esperanza,
porque caeríamos en el insoportable cliché. El color se
define en la elección entre una pintura extrovertida o introvertida,
entre uno u otro sonido. »
El cuadro más pequño de la muestra resume su concepción
de la pintura. La témpera está acumulada sobre una porción
de lija y deja ver la rugosidad del brochazo en el contorno del Manto,
donde expresión y concepto se integran. « Me gustaría
que la experiencia de cada obra fuera diferente, única, un pequeño
shock. », afirma Peschiera, «cada obra debe tener un contenido
general, pero también un contenido particular sensorial-emotivo».
Lo suyo es sólo aparentemente intelectual, « para mí
hasta en la geometría puede haber sensualidad, todo depende de
la armonía compositiva de las cosas, como están armadas,
qué relación tienen con el espacio ». Todo en Peschiera
habla de la contradicción entre rigidez y emotividad. En un marco
de precisión y asepsia contrapone calidez al frío curso
de la línea.
La oquedad insondable
Su musa principal es la oquedad y lo que guarda la oquedad, una puesta
en abismo hasta el infinito, según él mismo. De ahí
que sus formas sean cerradas o semiabiertas. Los mantos por ejemplo,
son cóncavos, algunos con un breve ojo de buey que permite apenas
atisbar una realidad interior.
« Hay un tesoro detrás. La fachada anuncia algo más
que no veremos, es como una promesa de muchos sentidos, como el refugio
del sentido. Se parecen a los templos medievales, todo gravita a su
alrededor y son inviolables. La posibilidad de entrar agotaría
definitivamente el interior ».
Las campanas y barcas comparten con arcas y mantos la facultad de ser
contenedores de vacío.
« Pero no un vacío nihilista, sino potencial, porque cada
objeto está construído alrededor de la nada, espera un
contenido, o tiene un contenido implícito sin que el contenido
sea formulado. El contenedor lo anuncia pero no lo descifra en lo absoluto
».
Peschiera selecciona un objeto de la realidad, lo aísla enmarcándolo
en una relación estrecha con el formato y lo potencia. Para ello
se sirve del concepto del « cuadro-estuche ». « La
dimensión del cuadro está determinada por el objeto que
está al interior – dice -. Su encajonamiento propicia una
tensión entre la materia contenida y el contenedor. Me gusta
que haya una relación de fuerza, pues para mí, el cuadro
es un objeto fuera del mundo, es decir, alude a un mundo paralelo. No
soy de los que hacen cuadros- objetos, mi cuadro es un despegue a otro
mundo, por eso es como una urna, como un contenedor de mundos, con un
efecto de muñeca rusa : mundo dentro de mundos dentro de mundos.
»
Realismo – idealismo
Sería equivocado pensar que la precisión
en el dibujo de las formas es un intento hiperrealista, nos dice. «
En realidad son deformes ». Parecen campanas o botes, pero la
construcción es totalmante falsa y se orienta a intensificar
la relación con el fomato. » Aunque los edificios parecieran
más idealizados que las campanas, para Peschiera todo revela
la misma idealización, la misma arquetipización. «
Todas son variantes de un mismo paradigma. En ese sentido es un poco
platónico. Pero mi interés no es que haya uno sólo,
sino muchos paradigmas, que por encima de ser pozos sean pozos diferentes
».
Por supuesto que las apariencias engañan y de eso trata el juego.
« Ni para un flamenco antiguo, ni para un hiperrealista contemporáneo,
el dibujo está obligado de ser perfecto. Si uno se acerca se
ve cierta huella, ciertos contornos. El trabajo pretende ser impecable
pero no tiene que ver con una búsqueda fotográfica ».
Peschiera es de los que creen que con costuras es mejor que sin ellas.
Gabriela Wiener
El Comercio – « El Dominical »
26 de noviembre 2000